Haz de Hueco Studio tu casa.

Estudio de grabación en Cantillana, Sevilla.


MUSGÖ

Biografía

Musgö es una arpista y cantante gaditana con una identidad artística muy personal, donde el arpa dialoga con la electrónica, el folk y el pop en un equilibrio delicado entre lo ancestral y lo contemporáneo. Con más de una década sobre los escenarios, compone sus propias canciones y desarrolla también el universo visual que las acompaña.

Sus directos son una experiencia envolvente e hipnótica, en la que lo acústico y lo sintético conviven con naturalidad, siempre con el arpa y su voz como eje central.

Tras su debut «Open the Gate» (2019) y la composición de la banda sonora de la serie Grasa para Playz (RTVE) en 2021, Musgö publicó «Un sendero» (2023), su primer álbum íntegramente en castellano, reconocido por Mondosonoro entre los mejores discos de World Music del año. En 2025 presenta «La grieta«, un trabajo conceptual coproducido junto a Ramiro Gómez, donde explora la fusión entre electrónica, folclore andaluz y referencias clásicas, transformando la vulnerabilidad en un viaje sonoro que transita de la oscuridad a la luz.

Hueco Session #07

Musgö grabó una sesión en directo en Hueco Studio en febrero de 2026 como parte de las Hueco Sessions, en Cantillana, cerca de Sevilla.

Musgö en Hueco Studio: el arpa como altar, raíz y ceremonia

Hay artistas que llegan a un escenario para tocar canciones. Y hay otras que parecen abrir un espacio.

Con Musgö, el directo tiene algo de concierto, pero también de ceremonia. La artista gaditana, arpista, cantante y productora, pasó por Hueco Studio para una sesión íntima donde el arpa, la voz, los sintetizadores y la puesta en escena construyeron algo que iba más allá de lo musical.

Después de la sesión, nos sentamos a hablar con Mar, la persona detrás de Musgö, sobre sus inicios, su relación con el arpa, la energía que atraviesa su música y el orgullo cada vez más consciente de llevar Andalucía consigo.

La música como juego

Musgö recuerda sus primeros acercamientos a la música desde muy pequeña, cuando empezó con clases de piano. Pero aquella primera experiencia no fue precisamente académica.

La profesora le ponía partituras. Ella escuchaba la canción, recordaba las partes que le gustaban y después la tocaba a su manera.

“A mí eso de tener que hacer lo que me decía un papel me parecía absurdo.”

Desde entonces, su relación con la música parece haber estado más cerca de la intuición que de la obediencia. Para Musgö, la música no nace únicamente desde la teoría, sino también desde el juego, la emoción, la energía y el misterio.

“La música es para jugar. Como se dice en inglés: play music.”

Esa idea atraviesa toda su obra. No se trata de negar la técnica, sino de entender que hay muchos caminos para llegar a la música. Algunos pasan por el conservatorio. Otros, por la intuición, el cuerpo, la escucha o la necesidad de expresar algo que todavía no tiene forma.

El escenario como altar

Durante la conversación aparece una imagen muy poderosa: la de Musgö como una especie de sacerdotisa musical.

Ella cuenta que no fue algo planeado desde el principio. Más bien fue algo que empezó a aparecer de forma natural en sus conciertos. Personas del público le decían que sentían un cambio de energía, que lo que ocurría en sus directos tenía algo transformador.

Con el tiempo, Musgö decidió aceptar esa lectura y darle forma.

“Empecé a tratar el espacio artístico y escénico como un lugar de culto.”

En su directo, cada elemento parece ocupar un lugar simbólico: el arpa, el cuerpo, el teclado, los objetos, la luz, la voz. Todo forma parte de un mismo espacio.

No es decoración. Es relato. Es intención.

“Al final le he puesto nombre y símbolos a algo que ya estaba ocurriendo.”

En Hueco Studio, esa idea encajó de una forma muy natural. Una sala pequeña, público cerca, silencio, escucha y una puesta en escena que convertía el estudio en algo parecido a un pequeño templo sonoro.

Un flechazo con el arpa

Aunque el arpa suele asociarse a la música clásica, a lo celestial o a ciertos imaginarios muy concretos, Musgö ha construido con ella un lenguaje propio.

Su relación con el instrumento empezó casi como una aparición.

Con 13 años, mientras hacía un trabajo del colegio sobre materiales de construcción, buscó imágenes en Google. Entre ladrillos, hormigoneras y materiales apareció, de forma inesperada, la imagen de un arpa.

“Cuando vi esa imagen, fue como cuando ves a alguien que no conoces, pero ya de primeras sabes que tiene algo especial.”

No sabía tocarla. Ni siquiera sabía bien cómo se llamaba aquel instrumento. Pero lo tuvo claro.

“Le dije a mi padre: quiero un arpa. Me voy a dedicar a esto. Esto va a ser mi vida.”

A partir de ahí, el arpa dejó de ser un instrumento ajeno y se convirtió en el centro de su universo creativo. Pero no como objeto delicado o intocable, sino como una herramienta abierta.

Musgö habla del arpa como un instrumento mágico, sí, pero también como un instrumento capaz de sostener muchas emociones y estilos. Algo que puede sonar dulce, pero también oscuro. Suave, pero también intenso.

“A mí desde el principio siempre me ha gustado apretarle, a ver hasta dónde iría.”

Producir desde dentro

Más allá del arpa, hay otro elemento fundamental en su proceso: Logic.

Musgö produce su música, trabaja con samples, construye capas, experimenta y se mete “hasta el fondo” en el sonido. Su universo no se entiende solo desde lo acústico, sino desde el diálogo constante entre lo orgánico y lo digital.

“El Logic, mi inseparable amigo.”

Esa combinación es parte de lo que hace que su propuesta sea tan particular. El arpa convive con texturas electrónicas, ambientes, voces procesadas y una forma muy personal de entender la producción.

Para Musgö, las herramientas actuales permiten que cualquier persona con creatividad pueda empezar a construir su mundo sonoro desde una habitación. No hace falta esperar a tener una gran estructura detrás para crear algo propio.

Cuidar la energía de una canción

Una de las partes más interesantes de la entrevista llega cuando Musgö habla de su proceso creativo. Para ella, escribir, grabar y cantar no son gestos neutros. Cada momento contiene una intención.

Cuando entra al estudio y se coloca delante del micrófono, es consciente de que ese instante quedará grabado y será escuchado por otras personas.

“Ese instante va a ser consumido por un montón de personas que se lo van a meter hasta el fondo del cerebro.”

Por eso cuida desde dónde canta, qué energía pone y qué intención está compartiendo. Incluso aunque la melodía sea la misma, la forma de habitarla puede cambiarlo todo.

“Aunque yo cante lo mismo, al final es como un rezo, una meditación.”

En su último trabajo, esa conciencia ha sido especialmente importante. Musgö habla de canciones atravesadas por el duelo, la oscuridad y el dolor. Durante mucho tiempo, había sentido que su música debía ofrecer algo bello, luminoso o amable. Pero en este proceso apareció otra necesidad: sostener también lo difícil.

No se trataba de compartir dolor sin más.

“Si es un ‘comparto mi dolor para que tú te lo tragues’, a mí no me interesa.”

La pregunta era otra: qué puede aportar una canción oscura si se comparte desde el cuidado. Cómo abrir un espacio donde esas emociones puedan existir de una forma sagrada.

Del dolor al directo

Cuando esas canciones llegan al escenario, algo cambia.

Musgö explica que ya no se siente necesariamente como la persona doliente que escribió esas canciones. En el directo, ocupa otro lugar. No revive el dolor de la misma forma: lo sostiene.

Esa diferencia es importante. El concierto no es una repetición exacta del momento en que la canción nació, sino una nueva forma de relacionarse con ella.

En espacios íntimos como Hueco Studio, esa transformación se percibe con mucha claridad. No hay grandes artificios detrás de los que esconderse. No hay distancia suficiente para disimular.

“Solo estás tú, tu música y la gente.”

Para Musgö, ese tipo de formato tiene algo muy especial. En una sala grande o un teatro, muchas veces no ves las caras. En un espacio pequeño, sí. Ves las lágrimas, los gestos, los silencios. Escuchas incluso cómo respira la gente.

“Todas las emociones salen a flor de piel.”

Estética, personaje y relato

Musgö también tiene una estética muy definida. Su forma de vestir, moverse, mirar y ocupar el escenario forma parte del mismo lenguaje que su música.

Para ella, lo visual no sustituye a lo musical, pero sí ayuda a completar el relato. En un contexto donde consumimos música de forma cada vez más audiovisual, la imagen también habla.

“Es una herramienta para completar el relato de lo que quieras contar.”

Lo compara con el teatro: antes de que un personaje hable, ya entendemos algo por cómo camina, cómo viste o cómo se coloca en escena.

En Musgö, esa dimensión visual no parece un disfraz, sino una extensión de su mundo interior. Una forma de darle cuerpo a lo que ya está sonando.

Redes sociales sin perderse en ellas

La entrevista también toca un tema muy presente para cualquier artista actual: las redes sociales.

Musgö cuenta que han dejado de desgastarla desde que ha aprendido a no tomárselas de forma tan personal. Antes, su vida, su persona y su proyecto artístico estaban demasiado mezclados. Ahora intenta separarlo más y convertirlo en algo parecido a un juego.

“Me ha dejado de desgastar cuando me lo he dejado de tomar personal.”

Esa distancia le permite usar las redes como una herramienta creativa, no solo como una fuente de presión. Incluso habla de cómo la inteligencia artificial puede ayudar a ordenar campañas, planificar contenidos o liberar parte del peso mental que supone promocionar un lanzamiento.

Pero la clave está en no perder el centro. Las redes pueden acompañar el proyecto, pero no sustituirlo.

Andalucía como raíz

Hacia el final de la conversación, aparece uno de los temas más potentes: Andalucía.

Musgö habla del orgullo cada vez más fuerte que siente por su cultura. Nacida en Chiclana, cerca de Cádiz, siente que viajar y tocar fuera de España le está ayudando a mirar su origen con más perspectiva.

“Salir fuera me está ayudando mucho a estar cada vez más orgullosa de ser andaluza.”

Cuenta que al principio sentía cierta presión externa. Tocaba el arpa, cantaba en inglés, escuchaba Massive Attack o Portishead, y aun así muchas personas le preguntaban si no tocaba flamenco. Como si una artista andaluza tuviera que responder siempre a una expectativa concreta.

Con el tiempo, esa relación cambió. No desde la obligación, sino desde el descubrimiento.

“He ido descubriendo un castillo enorme en el que yo estaba viviendo y que era un puto palacio, pero que yo no me había dado cuenta.”

Ahí aparece una de las reflexiones más bonitas de la entrevista. Musgö habla del acento, de Cádiz, del Mediterráneo, de la mezcla de culturas, del arte, del esoterismo y de todo lo que ha pasado por Andalucía durante siglos.

Su reivindicación no es folclórica en un sentido superficial. Es más profunda. Tiene que ver con reconocer el valor de una cultura que muchas veces ha sido reducida a estereotipos.

“Un pequeño recordatorio de cuál es el manantial de la cultura de España.”

Una sesión entre lo íntimo y lo sagrado

El paso de Musgö por Hueco Studio tuvo algo muy especial. Coincidía con una celebración de Andalucía y la sesión estuvo llena de guiños a nuestras raíces, pero desde un lugar contemporáneo, libre y muy personal.

En su música conviven el arpa, la electrónica, la voz, el cuerpo, la imagen y una forma de entender el escenario como espacio de transformación. Lo íntimo y lo simbólico. Lo ancestral y lo digital. La raíz andaluza y una sensibilidad abierta al mundo.

Musgö no toca el arpa para sonar clásica, ni usa lo espiritual como adorno. Su propuesta parece nacer de una necesidad más profunda: convertir la música en un lugar donde jugar, invocar, sostener y compartir.

En Hueco Studio, ese lugar se abrió de cerca. Sin distancia. Con la gente delante. Con las emociones a flor de piel.

Una conversación sobre intuición, duelo, producción, estética, energía y orgullo andaluz. Y una sesión que convirtió el estudio, por un rato, en altar.