
Biografía
Canastéreo es una banda sevillana que camina entre el rock alternativo, la neo-psicodelia y una raíz flamenca que aparece sin necesidad de subrayarse demasiado. Su música parte de la tradición, pero no se queda quieta en ella: la estira, la contamina y la lleva hacia un territorio propio, donde conviven guitarras, atmósferas envolventes, pulso andaluz y una clara vocación experimental.
El proyecto nace en 2018 con Raíces Lunáticas, un primer EP donde ya empezaban a aparecer algunas de las claves de su universo: lo onírico, lo cotidiano, el paso del tiempo, la naturaleza y esa búsqueda constante de identidad. Más tarde llegaría Pasajes de lo Impuro, un trabajo que terminó de situar a la banda dentro de una escena andaluza que entiende la psicodelia, el rock y el flamenco como lenguajes que pueden mirarse de frente.
Con Jazmines, publicado en 2026 por Calaverita Records, Canastéreo abre una nueva etapa. Producido por Víctor Cabezuelo junto a la banda, grabado en Estudios La Mina con Raúl Pérez, mezclado por Manuel Cabezalí y masterizado por Dany Richter, el disco consolida una evolución que ya se venía intuyendo en sus últimos adelantos. En él, el grupo cruza rock, neo-psicodelia, folklore andaluz y electrónica con una naturalidad cada vez más clara.
Sus canciones tienen algo de viaje interior y de celebración colectiva. Hay luz, memoria, deseo de cambio y una forma muy particular de entender la emoción: a veces contenida, a veces expansiva, siempre atravesada por una sensibilidad que conecta lo antiguo con lo contemporáneo.
Canastéreo no suena a ejercicio de estilo, sino a una banda en movimiento. Una propuesta que mira hacia sus raíces sin nostalgia inmóvil, que se permite experimentar y que encuentra en el directo el lugar perfecto para desplegar toda su fuerza: canciones que crecen, respiran y se transforman cuando se viven de cerca.
Hueco Session #11
Canastéreo grabó una sesión en directo en Hueco Studio en octubre de 2026 como parte de las Hueco Sessions, en Cantillana, cerca de Sevilla.
Canastéreo en Hueco Studio: raíces, psicodelia y cinco formas de entender la música
Hay bandas que encuentran su sonido siguiendo un camino muy definido. Y otras que lo construyen precisamente a partir de la mezcla, dejando que las distintas influencias de sus integrantes encuentren un lugar común. Canastéreo pertenece a estas últimas.
La banda pasó por Hueco Studio para una nueva sesión en directo, compartiendo sus canciones en un formato muy diferente al de las salas y festivales donde suelen tocar. Cinco músicos, el público a pocos metros y un ambiente cercano donde cada detalle se escucha y se siente de otra manera.
Después del concierto, nos sentamos a charlar sobre su último disco, Jazmines, su proceso creativo, las influencias que conviven en su música y esa conexión con Andalucía que aparece de manera natural en sus canciones.
Una conversación sobre cómo encontrar un sonido propio sin renunciar a todo lo que nos ha traído hasta él.
Tocar cerca, sentirse arropados
Lo primero que destacó la banda después del concierto fue la cercanía con el público. Acostumbrados a escenarios más grandes, tocar en un estudio donde prácticamente puedes mirar a cada persona a los ojos cambia por completo la experiencia.
«Pues sobre todo arropado, yo creo».
Para Canastéreo, esa proximidad permitió conectar de una forma diferente con quienes estaban escuchando. Ver las caras, las reacciones y cómo cada momento de una canción llega al público transforma la manera de vivir el directo.
Incluso la forma de tocar tuvo que adaptarse al espacio. La batería, por ejemplo, encontró un equilibrio diferente al habitual, ajustando su intensidad a las dimensiones del estudio sin perder la energía del concierto.
La banda reconoce que cada escenario tiene su encanto, desde la potencia de un festival hasta la complicidad que aparece en un formato pequeño.
En Hueco Sessions, esa energía se concentra en unos pocos metros cuadrados. No hay demasiada distancia entre quien toca y quien escucha, y eso permite descubrir detalles que a veces pasan desapercibidos en otros contextos.
Jazmines: tomar las riendas de su propio sonido
Uno de los grandes protagonistas de la conversación fue Jazmines, el último álbum de Canastéreo.
El disco supone un paso importante en la evolución de la banda, no solo por su sonido, sino también por la manera en la que ha sido creado.
Por primera vez, los músicos decidieron desarrollar mucho más las canciones por su cuenta antes de entrar en el estudio de grabación. Las maquetas, los arreglos y buena parte de las decisiones de producción comenzaron a tomar forma en su propio local de ensayo.
«Hemos empezado un poco a producirnos nosotros internamente en el local».
Este cambio les permitió experimentar con más libertad, probar diferentes sonidos y llegar al estudio con una idea mucho más clara de lo que querían conseguir.
En sus trabajos anteriores, algunas decisiones dependían más de personas externas. Con Jazmines, el grupo sintió que tenía un mayor control sobre su propia identidad sonora.
«Yo creo que sin duda es el trabajo más maduro de Canastéreo».
Esa madurez no significa haber encontrado una fórmula definitiva, sino haber aprendido a trabajar juntos de una manera más consciente. Entender mejor qué quieren transmitir y cómo conseguir que las canciones terminen sonando como las imaginaban.
Y, sobre todo, descubrir que todavía quedan muchos caminos por explorar.
Entre Foals, Tame Impala y las raíces andaluzas
Cuando hablamos de influencias, la conversación se abrió hacia muchos lugares diferentes.
En Jazmines, Canastéreo ha querido acercarse a un sonido más sintético, dando mayor protagonismo a los teclados, explorando nuevas texturas de guitarra y buscando otra relación entre los instrumentos y las voces.
Aparecen referencias como Foals o Tame Impala, dos nombres que ayudan a entender parte de esa inclinación hacia el rock alternativo y la psicodelia contemporánea.
Pero reducir Canastéreo a esas influencias sería quedarse con una parte muy pequeña de su música.
La banda está formada por cinco personas con gustos musicales muy diferentes. Algunos se sienten especialmente cercanos al flamenco, otros vienen del rock y otros aportan referencias más anglosajonas.
Esa diversidad es precisamente una de sus mayores fortalezas.
En lugar de intentar que todos escuchen lo mismo, comparten descubrimientos, se enseñan música y permiten que sus distintas formas de entenderla se mezclen.
Las referencias no funcionan como modelos que haya que copiar, sino como herramientas para encontrar nuevas posibilidades.
Y en medio de todo eso aparece inevitablemente Andalucía.
La música que llevamos dentro
Uno de los momentos más interesantes de la entrevista llegó cuando hablamos de cómo influye el lugar del que venimos en nuestra manera de hacer música.
Porque las influencias no son únicamente los discos que elegimos escuchar de adultos. También está la música que sonaba en casa, en el colegio, en las reuniones familiares o en cualquier rincón de nuestro entorno.
Todo eso va formando parte de nuestra identidad, incluso cuando no somos conscientes de ello.
Para Canastéreo, la música andaluza y el flamenco forman parte de ese paisaje desde la infancia.
«Somos súper aficionados, nos encanta. Lo hemos escuchado muchísimo desde pequeños».
En Jazmines aparecen diferentes guiños a esa tradición. Desde referencias a las letras flamencas hasta recursos rítmicos que encuentran su lugar dentro de estructuras más cercanas al rock.
La banda menciona, por ejemplo, elementos del flamenco presentes en canciones como Faraona o Flores.
«Hay una cadencia andaluza en todo el disco».
Lo interesante es que no parecen necesitar reivindicar constantemente esa influencia ni convertirla en una etiqueta.
Simplemente está ahí.
Canastéreo entiende que vivimos en un momento en el que tenemos acceso a prácticamente cualquier música del mundo. Las fronteras entre estilos son cada vez más difusas y las posibilidades de mezclar referencias son enormes.
Pero, por mucho que escuchemos música de otros lugares, siempre hay algo de nuestro entorno que termina apareciendo.
En su caso, el flamenco convive con sintetizadores, guitarras psicodélicas y estructuras de rock alternativo sin que ninguna de esas partes tenga que imponerse sobre las demás.
Colaboraciones que nacen de las canciones
Otra de las características de Jazmines es la presencia de diferentes artistas invitados.
Durante la entrevista, Canastéreo explicó que estas colaboraciones no surgieron de una estrategia previa ni de la necesidad de incluir nombres externos en el disco.
Fue algo mucho más natural.
A medida que las canciones iban tomando forma, empezaron a imaginar qué voces o qué sensibilidades podrían aportarles algo diferente.
En algunos casos, tenían bastante claro qué artista encajaría en un momento concreto de la composición.
Así llegaron colaboraciones con Rocío, Vito y Víctor Cabezuelo, que también participó en el proceso de producción del álbum.
«Todo se ha desarrollado de manera natural».
Para la banda, lo importante era que cada colaboración tuviera sentido dentro de la canción, que aportara algo nuevo sin perder la esencia original.
Curiosamente, al escuchar el disco terminado, descubrieron que esas participaciones también representaban distintas facetas de su universo musical.
Tres colaboraciones que, de alguna manera, reflejan la diversidad de sonidos que conviven dentro de Canastéreo.
Más que incorporar artistas invitados, se trataba de dejar que las propias canciones encontraran a las personas que necesitaban.
Cinco personas, una misma canción
La forma de componer de Canastéreo tiene mucho que ver con esa filosofía.
Aunque una canción pueda comenzar con una idea individual, el proceso de creación es profundamente colectivo.
Normalmente, el punto de partida es musical: una melodía, un riff, una secuencia o una primera maqueta. Después, cada integrante va aportando ideas hasta que la canción empieza a encontrar su forma definitiva.
«Todo el mundo aporta ideas. Las ponemos en común y las revisamos entre todos».
En los últimos tiempos, el grupo ha trabajado especialmente a partir de loops y proyectos de producción, desarrollando las canciones desde el ordenador antes de llevarlas al formato de banda.
Ese método les ha permitido experimentar con estructuras y sonidos diferentes, aunque también reconocen que quieren recuperar parte de la espontaneidad de tocar juntos desde el principio.
Volver a una guitarra, una voz y una canción que funcione por sí sola antes de empezar a construir capas de producción.
Porque una cosa es producir una canción y otra, anterior y fundamental, es componerla.
En cualquier caso, lo que permanece es la importancia del trabajo colectivo.
Cada integrante aporta algo distinto. A veces una idea de guitarra, otras una línea de teclado, una letra o una decisión sobre los arreglos.
Y al final, aunque una canción haya nacido de una sola persona, termina perteneciendo a los cinco.
Esa manera de trabajar se extiende incluso más allá de la música. Durante la creación de Jazmines, las decisiones sobre el diseño y la identidad visual del disco también se compartieron entre todos.
La idea era que cada parte del proyecto representara realmente a la banda.
Un disco que también se puede tocar
La conversación sobre Jazmines nos llevó también a hablar de su edición en vinilo.
Era la primera vez que Canastéreo publicaba su música en este formato y, por lo que contaron, la experiencia ha sido especialmente bonita.
La acogida ha sido tan buena que, cuando fueron a buscar copias para llevar a la sesión, se dieron cuenta de que ya quedaban muy pocas.
Pero más allá de las ventas, lo que más valoran es la relación que se crea alrededor del objeto físico.
Después de los conciertos, alguien se acerca, comenta qué le ha parecido el disco, pide una firma o simplemente se queda charlando un rato con la banda.
Son momentos pequeños que convierten la música en algo más que una reproducción en una plataforma digital.
El vinilo también representa de alguna manera el trabajo colectivo que hay detrás de Jazmines: las canciones, las decisiones de producción, el diseño, las colaboraciones y todo el tiempo dedicado a construir el disco.
Una forma de hacer tangible algo que normalmente solo existe mientras está sonando.
Seguir creando, seguir haciendo kilómetros
Cuando les preguntamos por el futuro, la respuesta fue bastante clara.
«Que nos llamen pa tocar mucho, por favor».
Entre risas, Canastéreo dejó claro que una de sus principales ilusiones es seguir llevando Jazmines a nuevos escenarios y compartir sus canciones con toda la gente posible.
Pero mientras el disco continúa su recorrido, la creatividad no se detiene.
La banda contó que atraviesa un momento especialmente productivo, con nuevas ideas y composiciones que ya están empezando a tomar forma en el local de ensayo.
Quieren seguir investigando, aprovechar todo lo aprendido durante la producción del último álbum y continuar desarrollando ese sonido que sienten cada vez más suyo.
Y, por supuesto, seguir viajando juntos.
Porque tocar en una banda también tiene mucho de eso: cargar instrumentos en una furgoneta, hacer kilómetros, descubrir lugares, conocer gente y acumular historias que terminan formando parte del propio proyecto.
Un lugar para encontrarse alrededor de la música
Al terminar la entrevista, la conversación volvió a Hueco Studio.
Canastéreo destacó especialmente la posibilidad de reunir en un mismo lugar un estudio de grabación, un espacio para conciertos y un punto de encuentro para músicos y público.
Durante la sesión hubo música, comida, bebida y tiempo para compartir fuera del escenario.
Y quizá esa sea una de las cosas más bonitas de este formato: que la experiencia no termina cuando suena la última canción.
Después viene la conversación, las preguntas, las risas y esa sensación de haber compartido algo entre personas que, muchas veces, ni siquiera se conocían unas horas antes.
El paso de Canastéreo por Hueco Studio dejó una sesión llena de matices y una conversación sobre la importancia de las raíces, la libertad creativa y el valor de construir algo entre varias personas.
Una banda que ha aprendido a tomar las riendas de su sonido sin dejar de escuchar lo que cada integrante tiene que aportar. Que mira hacia Andalucía sin renunciar a las influencias que llegan de cualquier parte del mundo. Y que entiende la música como un espacio de encuentro, experimentación y descubrimiento.
Porque, al final, quizá encontrar una identidad propia no consista en elegir un solo camino, sino en aprender a hacer convivir todos los que nos han traído hasta aquí.
