
Biografía
Elisa-Irini Vidalis, conocida artísticamente como CALMDOWN, es una productora musical, cantautora y videomaker nacida en Grecia, que ha estado dejando su huella en la escena underground. Con una mezcla única de electrónica, art pop y trip-hop, ha colaborado con figuras destacadas como Howie B (Björk, Brian Eno, U2, Tricky), quien recientemente remezcló su sencillo «Seasalt Symphony – Part I/ Preface«.
Su último proyecto, «PRISONER K», fue seleccionado y financiado, lo que le permitió finalizar su próximo álbum, «PINK«, la tercera parte de su ambiciosa trilogía, que salío en 2023. Este álbum marca un regreso a sus raíces, evocando el espíritu de la isla que la moldeó y el viaje que siguió. En él, refleja su profunda conexión con los elementos de agua y luz, temas centrales a lo largo del disco.
«PINK» transporta a los oyentes a través de un abanico de emociones: alegría, magia, liberación, inquietud, decisión y, finalmente, relajación. Con una combinación de instrumentos cautivadores—organo, arpa, waterphone, grillos y beats—las canciones están interpretadas tanto en griego como en inglés, y abordan sus luchas con el síndrome del impostor, el amor propio y la liberación al cortar lazos con todo lo que intenta apagar su luz interior.
La trilogía, titulada «PRISONER K», juega con la palabra PINK (rosa)—un color que no existe en el espectro de la luz, sino que es creado en la mente. Esto simboliza la libertad de ser, algo profundamente personal y que ya reside dentro de cada uno de nosotros. Para CALMDOWN, PINK representa la liberación, un color que aparece frecuentemente en el agua y la luz, y es una metáfora de la transformación interior y la autoexpresión.
Como artista multifacética, CALMDOWN ha estado produciendo su música de manera independiente desde 2012. En 2018, lanzó su álbum «CALMDOWN AIRLINES«, que le valió una nominación como Mejor Artista Revelación en los Listen to Berlin – Music Awards. Fue nominada en la misma categoría con artistas como Alice Phoebe Lou, y entre 2018 y 2019 realizó una gira por Europa, apoyando a bandas como Seed to Tree y Grey Paris.
Sus presentaciones en vivo—ya sea en festivales como el Fusion Festival, el Berlin Circus Festival, o en showcases como el Berlinale—son un tsunami de energía y emoción. Su sonido, una mezcla de trip-hop, downtempo, blues y elementos de jazz pop, es inconfundible, con melodías cautivadoras y beats intrincados, impulsados por su voz calmada pero poderosa, acompañada a menudo por el piano.
Aunque nunca tomó clases formales de canto, el talento natural de CALMDOWN brilla intensamente, en un viaje que comenzó en las calles de Berlín, donde encontró su voz durante caminatas nocturnas. Desde 2009, Berlín es su hogar, y fue allí donde su proyecto, CALMDOWN, nació en 2012.
Hueco Session #02
CALMDOWN grabó una sesión en directo en Hueco Studio en noviembre de 2024 como parte de las Hueco Sessions, en Cantillana, cerca de Sevilla.
CALMDOWN en Hueco Studio: música como diario, calma y búsqueda de luz
Hay nombres de proyecto que funcionan como una estética, y otros que nacen casi como una necesidad. CALMDOWN pertenece a ese segundo lugar.
El nombre apareció en un momento complicado, antes incluso de que el proyecto musical tomara forma. Era una frase repetida hacia dentro, una manera de intentar respirar y sostenerse.
“Me decía todo el tiempo: calm down, calm down, calm down.”
Con el tiempo, esa frase terminó convirtiéndose en nombre artístico. Una forma sencilla y directa de recordar algo que atraviesa su música: la búsqueda de calma, incluso cuando todo por dentro se mueve.
Después de su sesión en Hueco Studio, nos sentamos a hablar sobre la isla griega de Tinos, Berlín, el piano, el trip hop, el microKORG, la música como diario emocional y esa necesidad de encontrar algo luminoso dentro de los momentos más difíciles.
De una isla griega a Berlín
CALMDOWN creció en Tinos, una isla griega donde la sensación de libertad forma parte del paisaje. Un entorno abierto, distinto, marcado por el mar, el espacio y una manera de vivir más cercana a la naturaleza.
Pero crecer en una isla también puede tener otra cara. Cuando era más joven, empezó a sentir la necesidad de salir, ver otros lugares y abrirse a otro tipo de vida.
“Quería irme de la isla porque me sentía un poco asfixiada. La quiero mucho, pero quería ver otros lugares.”
Berlín apareció como ese otro lugar posible. También había una conexión personal: es mitad alemana y quería aprender el idioma. Llegó sin un plan demasiado claro, con 20 años, y acabó viviendo allí durante más de 15.
La ciudad la hizo más independiente, pero también la enfrentó a una etapa difícil y solitaria. Y fue precisamente en Berlín donde empezó a construir su propio proyecto musical.
“No conocía a tanta gente allí, y la música fue la única forma de expresarme.”
Esa frase explica mucho de CALMDOWN. La música no aparece como una decisión estratégica, sino como una necesidad íntima. Una forma de hablar cuando no hay todavía un lugar claro desde el que hacerlo.
Música en cada rincón de la casa
Aunque nadie en su familia era músico profesional, la música siempre estuvo presente en casa. Su padre escuchaba muchísima música y tenía altavoces conectados por todas partes: en el baño, en el garaje, en distintos rincones.
Creció rodeada de rock, música clásica y sonidos muy variados. Pero el piano apareció casi por accidente.
Un día, paseando en bici por la isla, escuchó a alguien tocar en una escuela de música. El sonido la fascinó.
“Escuché ese piano y pensé: ¿qué es esto? Yo también quiero aprender.”
Antes de tener un piano de verdad, empezó con un pequeño teclado Casio que le regaló su tío. Después llegó la formación clásica, que sigue siendo una base importante en su forma de componer y tocar.
Esa mezcla entre formación clásica, intuición y escucha doméstica aparece en su música: melodías cuidadas, sensibilidad cinematográfica y una forma de construir canciones que parece venir tanto del piano como de la memoria.
Canciones como diario emocional
Para CALMDOWN, las canciones suelen representar etapas concretas de su vida. No compone discos de forma constante ni como una obligación. Necesita que haya algo que contar, una época que cerrar o una sensación que ordenar.
“Todo lo que he hecho hasta ahora representa un periodo de mi vida. Es como un diario musical.”
Su proceso no siempre sigue la misma ruta. A veces empieza con textos. Otras, con beats, sonidos, una melodía de guitarra o una idea al piano. Puede dejar algo apartado durante un tiempo y volver a ello si sigue permaneciendo en la memoria.
“Si todavía lo recuerdo, lo cojo y lo combino con algunas letras.”
Esa forma de trabajar tiene algo muy orgánico. Las canciones no nacen de una fórmula, sino de lo que está ocurriendo en un momento determinado. De lo que se vive, se guarda y más tarde vuelve convertido en sonido.
El microKORG y las pequeñas texturas
Aunque el piano y la voz son elementos centrales en su música, CALMDOWN habla con especial cariño de una pieza concreta: el microKORG.
“Me encanta este sinte.”
No se presenta como una persona obsesionada con lo técnico. De hecho, reconoce que no sabe demasiado de detalles técnicos, pero sí sabe cuándo un instrumento le abre una puerta.
El microKORG fue una de esas puertas. Y junto a él aparecen otros instrumentos que ha ido tocando o probando de forma intuitiva: acordeón, saxofón, guitarra.
No se trata necesariamente de dominarlos, sino de dejar que cada instrumento cuente algo distinto.
“Los instrumentos cuentan historias diferentes.”
Esa idea encaja muy bien con su música. Cada sonido puede llevar la canción hacia otro lugar. Una textura nueva, un timbre distinto o una pequeña imperfección pueden cambiar completamente la dirección emocional de un tema.
Trip hop, piano clásico y cine
Cuando habla de influencias, CALMDOWN menciona el trip hop como una de las primeras señales claras en su música. También aparecen nombres como Björk, Radiohead, Led Zeppelin y la música clásica.
“Cuando empecé a hacer música estaba muy metida en el trip hop.”
Esa mezcla tiene sentido al escuchar su universo: canciones con una base emocional fuerte, cierto aire oscuro, melodías íntimas y una manera de construir atmósferas que no busca ir deprisa.
La formación clásica aparece en la sensibilidad del piano. El trip hop, en el clima. El rock, quizá, en cierta intensidad latente. Y el interés por la composición para cine añade otra capa: la idea de que una canción también puede funcionar como una escena.
CALMDOWN habla de sus influencias como quien va al supermercado y va eligiendo ingredientes.
“Es como ir al supermercado, coger cosas y cocinar con lo que te gusta.”
La imagen es sencilla, pero muy exacta. Su música no parece venir de una única referencia, sino de una mezcla de sabores que terminan encontrando una forma propia.
Música como método para cambiar la mirada
Uno de los momentos más importantes de la entrevista llega cuando hablamos de cómo le gustaría que su música afectara a la gente.
La respuesta no busca grandilocuencia. CALMDOWN habla de positividad, pero no desde una felicidad ingenua. Más bien como una práctica difícil, una dirección hacia la que intentar moverse.
“Ser positiva tanto como sea posible, porque no siempre es posible. Es una lucha.”
Para ella, su último álbum cambió la forma de mirar la vida. No porque solucionara todo, sino porque le ayudó a entrenar una especie de cambio mental: pasar de un lugar oscuro a algo más luminoso.
“Me ayudó a cambiar mi cerebro inmediatamente hacia algo que quiero. Como una luz, algo positivo.”
La música aparece entonces como una herramienta. Una forma de cuidado. Incluso una técnica personal para atravesar momentos difíciles.
“Uso mi música de una forma un poco terapéutica.”
En CALMDOWN, la calma no es ausencia de conflicto. Es más bien un intento de encontrar una salida dentro del conflicto.
Conectar pasado y presente
Cuando hablamos del futuro, CALMDOWN cuenta que se encuentra en ese momento extraño que aparece después de terminar un disco. Hay una mezcla de vacío, vértigo y miedo a no volver a encontrar inspiración.
“Cuando termino algo, me siento vacía. Me entra pánico de pensar cuándo volverá la inspiración.”
Pero ese mismo vacío también forma parte del proceso. Después de acabar una etapa, vuelve la escritura. Vuelven las notas, los fragmentos, las pequeñas señales.
Ahora quiere trabajar con grabaciones antiguas: melodías de piano que grabó cuando tenía 14 años.
“Quiero conectar el pasado con el presente.”
La idea tiene mucha fuerza. Volver a escuchar a la niña que fue, recuperar esas melodías y ponerlas en diálogo con la persona que es ahora. No como nostalgia vacía, sino como una forma de entender que hay cosas que permanecen.
“No creo que cambiemos como personas. Siempre tenemos esos elementos de cuando éramos más jóvenes.”
Volver a Grecia sin caer en lo obvio
Hacia el final de la entrevista aparece otro deseo importante: introducir elementos griegos en su música.
Después de años cantando en inglés, viviendo en Berlín y construyendo una identidad musical muy marcada por influencias internacionales, CALMDOWN siente la necesidad de mirar hacia su origen de otra manera.
Quiere usar instrumentos griegos, recuperar el idioma y explorar otra textura sonora. Pero también reconoce que no es fácil.
“Usar cosas griegas sin que suene cursi es muy difícil.”
La frase resume bien el reto: volver a la raíz sin convertirla en postal. Usar la lengua materna no solo como vehículo de significado, sino también como instrumento, como sonido, como textura.
“Uso el idioma también como un instrumento, por cómo suena a mis oídos.”
Quizá para eso necesita también moverse de lugar. Después de 15 años en Berlín, siente que la ciudad ya no le da la misma inspiración. Volver, o al menos acercarse de nuevo a ese entorno, puede abrir otra etapa.
Una sesión para respirar
El paso de CALMDOWN por Hueco Studio tuvo algo muy coherente con su música. Un espacio íntimo, una escucha cercana y canciones que no intentan imponerse, sino abrir una pequeña grieta de luz.
Su universo nace entre Tinos y Berlín, entre el piano clásico y el trip hop, entre la voz, el microKORG y las ganas de transformar una etapa difícil en algo que pueda acompañar a otras personas.
CALMDOWN hace música como quien escribe un diario, pero también como quien busca una forma de respirar mejor.
Una conversación sobre islas, ciudades, memoria, instrumentos, raíces y la posibilidad de encontrar calma sin negar la tormenta.
