Haz de Hueco Studio tu casa.

Estudio de grabación en Cantillana, Sevilla.


IZETA

Biografía

IZETA es un grupo de pop alternativo nacido en Granada en 2021 alrededor de Virginia Sainz (voz y teclados) y Santi Kelly (voz y guitarra). Desde sus inicios, el proyecto se movió entre la calle y los escenarios, tocando en espacios como el Albaicín, micros abiertos de La Tertulia y salas como Planta Baja o Taberna JJ, construyendo una identidad marcada por la mezcla de estilos y el espíritu DIY.

Tras un primer LP que navegaba entre la bossa, el folk y el rock alternativo —y que les llevó a tocar en España, Holanda y Alemania—, IZETA fue finalista del MadCool Talent 2023 y abrió varios conciertos de la gira «El Camino» de Adiós Amores. En 2024 el grupo crece con la incorporación de Laura Fernández (batería) y Candela García (bajo), una nueva formación que aporta una energía más bailable y contundente, ganando el concurso Emergentes y grabando su segundo álbum «Todos Los Días«, coproducido con Carlos Díaz.

Publicado el 4 de marzo del 2026, «Todos Los Días» marca un giro hacia sonidos más rítmicos y luminosos, donde conviven el dream pop, el nu-disco y el funk, con influencias que recuerdan a Khruangbin o Kula Shaker. Un disco que evoca lo cotidiano y lo onírico a partes iguales, y que consolida a IZETA como un proyecto independiente en plena gira por la península, con la vista puesta también en escenarios internacionales.

Hueco Session #08

IZETA grabó una sesión en directo en Hueco Studio en marzo de 2026 como parte de las Hueco Sessions, en Cantillana, cerca de Sevilla.

IZETA en Hueco Studio: canciones para sentir de cerca

Hay grupos que necesitan distancia para entenderse, y otros que parecen crecer precisamente cuando los tienes delante. IZETA pertenece más bien a lo segundo. Su paso por Hueco Studio tuvo algo de reencuentro con un formato íntimo: poca distancia entre banda y público, miradas cerca, escucha atenta y esa sensación de estar compartiendo algo que no ocurre igual en una sala grande.

La banda, formada por Santi, Virginia, Candela y Laura, llegó a Hueco Sessions para presentar Todos los días, un disco donde conviven el pop alternativo, la sensibilidad emocional, las guitarras, las líneas de bajo con personalidad y una energía que se mueve entre lo delicado y lo bailable.

La jornada tuvo además un contexto muy especial: Domingo de Ramos, primavera recién estrenada, cócteles, un tradicional potaje de vigilia y una sesión vivida con calma, al solito, antes de entrar al estudio.

Un formato íntimo, casi como volver al origen

Nada más empezar la conversación, IZETA habló de lo especial que había sido tocar en un espacio así. Para Virginia y Santi, el formato tenía algo de recuerdo: en sus inicios habían tocado en Sofar Sounds y house shows, incluso en México, y hacía tiempo que no se encontraban en una situación tan cercana.

“Fue muy guapo sentir como un flashback, pero luego estar las cuatro tocando el disco que grabamos.”

Ese tipo de formato cambia la forma en la que se recibe la música. La gente escucha más, mira más, se mueve menos al principio. Hay una especie de respeto silencioso que puede dar pudor romper, aunque por dentro todo el mundo esté siguiendo el ritmo.

“En este tipo de formato tan cercano, la gente está muy pendiente de escuchar.”

Y quizá ahí está parte de la magia de Hueco Sessions: no se trata solo de ver un concierto, sino de entrar poco a poco en el universo de una banda.

De una casa pequeña a un sonido propio

IZETA empezó casi de forma doméstica. Santi compró un ampli enorme, lo metió en una casa pequeña y empezó a componer canciones. Virginia se sumó de forma natural: vivían juntos, hacían música juntos, y al principio el proyecto tenía un aire más folk, más íntimo, casi de pareja tocando en el Albaicín.

Pero el grupo fue cambiando.

Con la llegada de Candela y Laura, el proyecto encontró otra dirección. Lo que antes era más acústico o pop rock empezó a abrirse hacia un sonido más sólido, más grupal, con una energía nueva.

“Fue juntas que empezamos a hacer este estilo.”

En el local de ensayo, las canciones empezaron a transformarse. Aparecieron influencias compartidas, una onda más funky, más psicodélica, más rítmica. Santi y Virginia traían ideas o maquetas, y después cada una aportaba su parte hasta construir algo más compacto.

“Las líneas que hace Candela de bajo, o las ideas de Laura… como que se hace algo muy sólido.”

Esa es una de las claves de IZETA: aunque muchas canciones nazcan de una primera idea, el sonido aparece cuando las cuatro entran en la misma habitación.

Cuatro personas hipersensibles

Una de las frases más bonitas de la entrevista llegó al hablar de la emoción en su música.

“Somos cuatro personas hipersensibles.”

IZETA no parece buscar la emoción como una estrategia. No hay una intención calculada de sonar sensibles, profundas o melancólicas. Más bien ocurre al revés: las canciones salen de lo que están viviendo, de lo que sienten, de lo que se genera entre ellas.

Virginia lo explica de una forma muy clara: a veces no escribe pensando “voy a hacer una canción sobre esto”, sino que escribe desde un lugar más libre y, solo después, entiende de qué hablaba realmente la canción.

“Es más bien como escritura libre hasta que nos damos cuenta de que el tema va de algo en específico.”

Esa sensibilidad compartida también es parte del vínculo del grupo. En una banda, coordinar vidas, ensayos, conciertos, viajes y estados de ánimo no siempre es fácil. Hay días en los que una está arriba y otra está en pleno bajón. Pero precisamente ahí aparece el apoyo.

“Es una bendición ser cuatro PAS que hacemos buen clic.”

Hay algo muy humano en esa forma de funcionar. IZETA no habla de la banda como una máquina perfecta, sino como un grupo de personas intentando sostener algo juntas.

Ser independientes sin dejar de ser auténticas

Otro de los temas fuertes de la conversación fue la autogestión. IZETA es un proyecto independiente, sin sello ni estructura externa que lo mueva todo por ellas. Eso tiene una parte bonita y otra agotadora.

Por un lado, les permite hacer las cosas a su manera. Por otro, implica encargarse de todo: conciertos, lanzamientos, redes, viajes, merch, fechas, imprevistos y logística. Hasta una rueda pinchada camino a Barcelona puede convertirse en parte de la historia.

“Lo de autogestionarte todo es una movida.”

Aun así, la independencia en IZETA no aparece como una pose ni como una voluntad de quedarse fuera de nada. Más bien tiene que ver con ser fieles a lo que están haciendo, aunque no siempre encaje en lo que se espera de una banda emergente.

Santi lo resume hablando de esa sensación de ser un proyecto algo periférico dentro de la escena de Granada: un mexicano y una riojana haciendo canciones en el Albaicín, sin una conexión evidente con los grandes referentes locales.

“No es no querer pertenecer, sino tratar de ser auténticas con la música que estamos haciendo.”

Y esa autenticidad, poco a poco, va encontrando su sitio. En Granada, en Madrid, en otros países, en formatos pequeños, en salas, en casas, en estudios. Allí donde alguien conecta con lo que están haciendo.

Granada como punto de encuentro

Aunque solo Candela es granadina, Granada ha terminado siendo el lugar donde IZETA se encuentra. La banda mezcla procedencias distintas: México, La Rioja, Tarifa y Granada. Y quizá por eso su música no responde del todo a una tradición concreta.

Hablan de Los Planetas, Lori Meyers o Lagartija Nick como parte inevitable del paisaje musical de la ciudad, pero no necesariamente como una influencia directa. La influencia real parece estar más cerca: en los grupos emergentes, en los conciertos, en los bares, en la gente que hace música alrededor.

“Nos nutrimos mucho las unas de las otras.”

Granada aparece en la conversación como una ciudad fértil, llena de bandas que se cruzan, se escuchan y se acompañan. No tanto una escena cerrada, sino un ecosistema en movimiento.

“Todos los grupos emergentes estamos ahí haciendo piña.”

Para IZETA, esa red es importante. Más que copiar una tradición, se trata de formar parte de un presente compartido.

Todos los días: que las canciones lleguen a la gente

Con Todos los días, IZETA ha empezado a poner en circulación un repertorio que ya no quieren que sea solo suyo. Cuando se les pregunta cómo les gustaría que la gente recibiera el disco, la respuesta es directa:

“Que la cantaran.”

No solo que guste. No solo que alguien diga “qué chula”. Lo que les haría ilusión es llegar a un lugar lejos de Granada y que la gente ya se sepa las canciones. Los estribillos, sí, pero también las estrofas.

“Sería súper guay llegar a un sitio que no tiene nada que ver con Granada y tocar alguna canción… y que se sepan las estrofas también.”

Ahí hay una idea muy sencilla y muy poderosa: el momento en que una canción deja de pertenecer solo a quien la escribe y empieza a formar parte de la vida de otras personas.

En Granada ya empieza a pasar. La gente las canta, las baila, las reconoce. Ahora la banda quiere moverse más, tocar en otros lugares y dejar que esas canciones encuentren nuevas voces.

Redes, presión y vida real

La entrevista también se detiene en un tema que atraviesa a casi cualquier proyecto independiente actual: las redes sociales.

IZETA habla con humor de esa tensión entre estar presente y no querer convertirse en una fábrica constante de contenido. Hay una estética del grupo, hay cuidado, hay ganas de compartir lo que hacen. Pero también hay vidas, mudanzas, amistades, trabajos, conciertos y límites.

“Hemos hecho un poco las paces: somos cuatro y tenemos nuestras limitaciones.”

En un mundo donde parece que si no publicas no existes, IZETA reivindica otra forma de estar. Compartir lo importante, sí. Enseñar lo que ocurre, también. Pero sin convertir la música en un calendario infinito de countdowns, TikToks y estrategias vacías.

“Lo que nos llena es esto: venir y tocar.”

Y esa frase resume muy bien el espíritu de la conversación.

Una escena pequeña, un punto en el mapa

Hacia el final de la entrevista, aparece una reflexión que conecta directamente con lo que intentamos construir desde Hueco Sessions.

Santi habla de la importancia de que la gente no solo se lleve las canciones, sino también la experiencia de lo que se está construyendo a escala local: personas poniendo tiempo, esfuerzo y cariño para que pasen cosas fuera de los circuitos habituales.

“Crear una escena pequeña, un punto en el mapa en el que venga gente a presentarse.”

Esa idea define muy bien lo que ocurrió aquella tarde en Hueco Studio. Un grupo de Granada tocando en una casa-estudio en Cantillana. Gente del pueblo, amigxs, público cercano, comida, conversación, música y una sensación de comunidad que no necesita grandes escenarios para tener sentido.

IZETA lo dijo al final de la entrevista: había sido un Domingo de Ramos distinto, sin cornetas ni tambores, pero lleno de algo que también tiene mucho de ritual.

Una sesión íntima, primaveral y muy cercana. Una banda presentando Todos los días desde un lugar honesto. Y una conversación sobre sensibilidad, autogestión, escena local y canciones que, poco a poco, empiezan a ser cantadas por más gente.