HELICÓPTERO BOOM

Biografía

Helicóptero BOOM es una de esas bandas que parecen aparecer sin pedir permiso. Jóvenes, sevillanxs y difíciles de encajar en una sola etiqueta, se mueven entre el pop rock, el garage y el noise, con ecos noventeros que pueden recordar a bandas como Dinosaur Jr., pero pasados por una actitud punk, desprejuiciada y muy propia.

Su música mezcla melodías pop con guitarras afiladas, momentos de ruido y una energía cruda que encuentra su lugar natural en el directo. Sobre el escenario, Helicóptero BOOM no busca sonar perfecto ni complacer: busca provocar algo. Hay intensidad, frescura y una sensación de que todo puede pasar en cualquier momento.

La banda está formada por Mario Vega, Julia Valero —también conocida como Julia de Arco—, Berta Acosta, Marcos Amodeo y Adriano Hernán. Juntxs han ido construyendo un proyecto marcado por la búsqueda constante de identidad, alejándose de las fórmulas cerradas y apostando por un sonido cada vez más propio.

Ese camino cristalizó en «ALBOOM«, su primer álbum: un trabajo honesto, directo y hecho desde casa, que marcó un punto de inflexión en la forma en la que la banda entendía su propio sonido. Tanto es así que Helicóptero BOOM decidió dejar atrás material anterior que ya no representaba la imagen ni la dirección que querían proyectar.

Actualmente, el grupo se encuentra trabajando en nuevas canciones y preparando la grabación de un EP con el que quieren seguir definiendo su identidad frente a la industria, sin perder frescura, riesgo ni instinto. Para esta nueva etapa contarán con Paco Loco, una colaboración que encaja de forma natural con su manera de entender la música: directa, libre y sin demasiadas concesiones.

Helicóptero BOOM ya ha pasado por salas clave de la escena sevillana como Fun Club, EVEN o La2, además de festivales como Monkey Week. Una trayectoria todavía en crecimiento, pero con una idea muy clara: hacer canciones que se entienden mejor cuando se viven de cerca, en directo y sin filtros.

Hueco Session #10

Helicóptero BOOM grabó una sesión en directo en Hueco Studio en mayo de 2026 como parte de las Hueco Sessions, en Cantillana, cerca de Sevilla.

Helicóptero BOOM en Hueco Studio: energía, ruido y una forma muy propia de estar juntxs

Helicóptero BOOM llegó a Hueco Studio con guitarras, sintetizadores, batería, bajo, voces y esa clase de energía que no se puede preparar demasiado. La banda sevillana, formada por Mario Vega, Julia Valero, Berta Acosta, Marcos Amodeo y Adriano Hernán, pasó por Hueco Sessions #10 para grabar una sesión en directo que tuvo algo de concierto, algo de ensayo abierto y algo de celebración entre amigxs.

Después de tocar, nos sentamos a hablar sobre el origen del grupo, su manera de componer, el ruido, las letras, los directos y esa mezcla de caos, humor y honestidad que atraviesa todo lo que hacen.

Porque Helicóptero BOOM no parece una banda construida desde una idea cerrada. Más bien suena a grupo que se descubre mientras toca.

“Somos muy nosotros.”

Y quizá ahí esté la clave.

Una casa, una banda y el público demasiado cerca

La entrevista empezó con una sensación compartida: haber tocado en un lugar distinto. Hueco Studio no es una sala convencional ni un estudio frío. Es una casa-estudio, y eso hace que la música ocurra de otra manera. El público está cerca, la banda toca casi a la altura de los ojos y la distancia entre concierto, conversación y convivencia se vuelve muy pequeña.

“Pues súper cómodos, como en casa un poco.”

La frase tiene algo literal. En Hueco Sessions se toca dentro de una casa, pero también dentro de un ambiente que invita a bajar un poco la guardia. Para Helicóptero BOOM, acostumbradxs a salas, escenarios y conciertos donde el movimiento suele formar parte del directo, ese formato más íntimo cambió la escucha.

“Realmente estamos en una casa y se nota, porque es todo súper acogedor.”

En un espacio así, la energía no desaparece: se concentra. La banda no podía expandirse físicamente como en una sala, pero esa limitación hizo que todo quedara más cerca. El ruido, las miradas, las canciones y el público compartían el mismo aire.

El origen de un nombre imposible

La historia de Helicóptero BOOM empieza casi como empiezan las cosas importantes cuando todavía nadie sabe que lo son: jugando.

Una batería en casa de Julia, una guitarra recién aprendida, alguien cantando, un bajo que aparece por herencia familiar y una versión de Johnny B. Goode. A partir de ahí, una primera fantasía de tener un grupo.

“Yo empecé a decirle a todos mis colegas que tenía un grupo.”

El nombre llegó después, de forma completamente inesperada. Un amigo preguntó cómo se llamaban. No tenían nombre. Él respondió algo que podría haber quedado como una broma absurda, pero terminó convirtiéndose en identidad.

“Me dice: tenéis que llamaros Helicóptero Boom.”

Después el grupo se paró, volvió para tocar versiones en una boda familiar y, casi sin decidirlo del todo, empezó a convertirse en algo más real. O más constante. O más suyo.

“Serios no somos, pero sí que era como un proyecto guay de decir: vamos a seguir ensayando y haciendo canciones.”

Ese equilibrio entre no tomarse demasiado en serio y, al mismo tiempo, cuidar muchísimo lo que ocurre cuando se juntan, define muy bien a la banda.

Un sonido que no se busca: aparece

Cuando se habla de Helicóptero BOOM, es fácil tirar de etiquetas: pop, punk, garage, psicodelia, noise, rock noventero, sintetizadores, melodías torcidas, energía de directo. Pero al escucharles hablar, queda claro que su sonido no nace de una fórmula.

No parece algo calculado. Es más bien una consecuencia.

“Es inevitable llegar a ese sonido.”

Cada miembro trae una forma distinta de tocar, escuchar y reaccionar. Lo que ocurre cuando todo eso se pone en común es lo que acaba siendo la banda.

“Cuando cada uno toca lo que quiere y lo ponemos en común, suena así.”

Por eso sus canciones tienen algo difícil de encerrar. Hay guitarras que empujan, sintetizadores que abren texturas, bajo y batería sosteniendo el golpe, voces que entran y salen entre melodía y descontrol. Todo convive sin necesidad de explicarse demasiado.

Helicóptero BOOM suena a mezcla, pero no a collage. Suena a cinco personas encontrando un idioma común a base de tocar.

Canciones que cambian de forma

En la entrevista, la banda cuenta que su proceso creativo ha ido cambiando con el tiempo. A veces alguien llega con una idea, una guitarra, una melodía o una maqueta. Pero casi nunca esa primera versión sobrevive intacta.

“Realmente improvisamos. Y a partir de ahí intentamos sacar lo que salga.”

Hay algo muy vivo en esa forma de trabajar. Las canciones pasan por el grupo, se deforman, se prueban, se discuten, se estiran y se vuelven a montar. Una idea puede parecer mala desde lejos, pero aun así se intenta.

“Lo que se propone, pues se intenta.”

Esa frase resume una manera de estar en una banda: confiar lo suficiente como para dejar que las canciones cambien de manos. No proteger demasiado la primera intuición. Permitir que el resto la toque, la contradiga o la lleve a otro sitio.

Con Noferatu, por ejemplo, el cambio fue radical.

“Noferatu no tiene nada que ver con lo que es la maqueta original.”

Ahí aparece una de las cosas más interesantes de Helicóptero BOOM: la canción no como objeto cerrado, sino como algo en movimiento. Algo que se descubre en el ensayo, en el error, en la insistencia y en la energía del grupo.

Influencias que chocan y se entienden

Cuando hablan de referencias, cada unx parece venir de un lugar distinto. Aparecen los noventa, la música electrónica, el disco, el indie, Los Planetas, el noise rock, Sonic Youth, Dinosaur Jr., el rock matemático o el post-hardcore.

“A mí me puede el disco. A mí me puede el bailoteo.”

Esa diversidad no se presenta como una lista de influencias ordenadas, sino como una convivencia natural. Helicóptero BOOM no intenta sonar exactamente a ninguna de esas cosas. Más bien deja que todas atraviesen la sala y choquen entre sí.

De ahí sale una música que puede ser ruidosa y pegadiza, caótica y luminosa, cruda y divertida. Canciones que no esconden sus costuras, pero que tampoco dependen solo del desorden.

Hay humor, sí. Hay ruido, también. Pero debajo hay canciones.

Así sonríen las alemanas: ironía, sonido y presentación

Durante la conversación también aparece Así sonríen las alemanas, el nuevo EP de la banda. Al hablar de las letras, Helicóptero BOOM no plantea el disco como un manifiesto cerrado ni como un conjunto de canciones con un único mensaje.

Más bien lo describen desde la imaginación, la ironía y cierta libertad para dejar que las palabras aparezcan desde el propio sonido.

“El EP es como más fantasioso.”

“Tiene su toque de ironía, pero dice cosas.”

En sus letras hay algo abstracto, a veces satírico, a veces simplemente fonético. Palabras que llegan porque suenan bien, frases que nacen casi murmuradas, títulos que condicionan una canción y terminan abriendo un pequeño mundo.

“Me guío mucho por lo que suena bien fonéticamente.”

“Literalmente lo que salga.”

Esa manera de escribir conecta con el resto del proyecto. Helicóptero BOOM no parece necesitar explicarlo todo. Prefiere sugerir, exagerar, romper un poco la lógica y dejar que el sentido aparezca después, si tiene que aparecer.

El EP funciona así como carta de presentación: no tanto “esto es lo que queremos contar”, sino “esto es lo que somos cuando tocamos juntxs”.

Tocar en pequeño, sonar más claro

Una de las diferencias más evidentes de Hueco Sessions fue el formato. Helicóptero BOOM suele moverse en salas, conciertos y contextos donde el público puede saltar, bailar o hacer pogo. En Hueco Studio, el espacio era mucho más pequeño y la escucha mucho más cercana.

Lejos de apagar la energía, esa cercanía la cambió de sitio.

“La energía está concentrada.”

La banda también notó algo importante en el sonido. Al tocar con más control y en un espacio grabado con detalle, aparecieron matices que a veces se pierden en el volumen de una sala.

“Sonaba muchísimo mejor.”

“Por primera vez escuchaba todos los instrumentos.”

Ese cambio hizo que la sesión tuviera algo especial: no era un concierto domesticado, pero tampoco un directo desbordado. Era la misma energía, pero enfocada. Menos dispersa. Más nítida.

“Ha sido un poco cantarles a ellos.”

En una banda como Helicóptero BOOM, eso permite ver las dos capas: la fuerza del directo y el detalle de las canciones.

Darlo todo aunque algo se rompa

Cuando se les pregunta qué les gustaría que se llevara alguien que les descubre por primera vez, la respuesta vuelve siempre a una palabra: energía.

“Lo guay de transmitir es la energía.”

Para Helicóptero BOOM, un concierto puede salir mejor o peor. Puede sonar más limpio o más sucio. Puede romperse una cuerda, fallar algo, escaparse un momento. Pero hay una intención que se mantiene: seguir empujando.

“La gente se va con buenas sensaciones porque nos ha visto a nosotros darlo todo.”

Esa frase dice mucho de la banda. No hay una búsqueda de perfección distante, sino de presencia. Estar ahí, tocar con el cuerpo, sonreír, tirar hacia delante y convertir cada concierto en algo que se siente aunque no salga exactamente como estaba previsto.

Quizá por eso su directo funciona: porque no intenta esconder el accidente. Lo incorpora.

Energía y desquicie

Al final de la entrevista, cuando intentan resumir qué significa Helicóptero BOOM para cada unx, la conversación se vuelve exactamente como la banda: rápida, caótica, divertida, difícil de ordenar.

Aparecen palabras como energía, desquicie, autenticidad y sazón. Se interrumpen, se ríen, vuelven a empezar y acaban aceptando que esa forma de contestar también les representa.

“Yo realmente me preocuparía si respondiéramos como robots.”

“Somos auténticos.”

“Esta entrevista es el claro ejemplo de que somos auténticos.”

Y probablemente sea verdad. Helicóptero BOOM no pasó por Hueco Studio para dejar una imagen perfecta, sino una imagen viva: una banda joven, intensa, ruidosa, divertida y muy consciente —a su manera— de que lo importante ocurre cuando se juntan y empiezan a tocar.

Hueco Sessions #10 captura precisamente eso: el momento en que el caos encuentra forma, las canciones se llenan de cuerpo y una casa-estudio en Cantillana se convierte, por un rato, en el centro de una pequeña explosión.